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sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 16. Move.

Vick
Sonreí al suelo mientras comenzaba a caminar hacia la escuela de baile. Era increíble todo lo que había cambiado mi vida en tan poco tiempo. Ahora estaba apuntado a esas clases. Al principio solo fue una simple broma, no iba nada en serio, la verdad. Pero después...Después me di cuenta de que bailando podía expresar mis sentimientos y al mismo tiempo divertirme.
Ahora, bailar era parte de mi vida y, aunque no me gustaba mucho la idea de darle las gracias a Silene, en verdad mi buen humor se debía a su consejo de apuntarme a las clases.
Pronto me encontré ante las grandes puertas negras, y las empujé entrando a la habitación donde había mejorado notablemente con mis pasos.
-¡Eh!-gritaron en cuanto me vieron-¡Novato, acércate!
Sonreí negando con la cabeza divertido mientras me acercaba a Jason, uno de los profesores.
-¡Hey!-saludé al llegar junto al grupo.
-Hoy viene la nueva profesora que necesitábamos, ya sabéis que Marco se fue a Italia-contestó.
-Ah, claro, claro-respondí sonriendo.
-Bien, pues era lo único que quería decir. Ahora comenzamos, ¿no os parece?-dijo antes de dar palmadas con las manos, haciendo que todos le prestaran atención y se acercaran.


-Veo que has seguido mi consejo, Vick-gritó una voz a lo lejos, una voz bastante conocida...
Estábamos en medio de la clase, con la música de fondo mientras nosotros practicábamos.
Me dí rápidamente la vuelta para ver a Silene entrar por la puerta del estudio, con una mochila tras su espalda.
-¿Qué haces aquí?-pregunté mirándola extrañado.
Pero antes de que ella pudiese contestar, una voz respondió por Silene, apagando la música y acercándose a ella.
-Chicos-comenzó Jason-. Ella es Silene, nuestra profesora. Aunque creo que a alguno no le hace falta presentación....-bromeó mirándome pícaramente.
Desvié la mirada mientras todos comenzaban a reírse, sintiendo como mis mejillas tomaban color.
-Es mi vecina-farfullé mirando al suelo muerto de vergüenza.
-¡Pues tu vecina está muy buena!- gritó alguien desde el fondo de la sala, donde había un grupo que comenzó a reír.
Sonreí falsamente apretando mis puños cabreado. ¿Pero por qué me importaba tanto esa chica?
-Gracias, querido Marck-ironizó ella-. Pero no estoy interesada en ti.
Todos comenzaron a reír a carcajadas, incluido él.
-Me van mas los rubios-dijo ella haciendo que levantara rápidamente mi cabeza para observarla con los ojos abiertos como platos mientras me guiñaba un ojo sonriendo.
Todos comenzaron a decir un "oohh" y pronto se escuchó otra voz gritando "QUE SE BESEN!" Mientras yo me moría de la vergüenza y ella se reía.
Era malvada, ¿por qué me hacia pasar por eso?
Negué con la cabeza con una sonrisa falsa antes de acercarme a ella hasta acabar completamente pegados. Pasé mis manos sobre su cintura acabando todavía más unidos mientras ella deslizaba sus manos por mi cuello hasta rodearlo.
-Si juegas con fuego te acabas quemando-susurré con mi boca rozando su oído.
-Pero si no lo haces morirás de frío-contestó antes de besar la comisura de mis labios, apartándose con una sonrisa de triunfadora.
-Ya veremos-articulé sin producir ningún sonido, aunque sabía que ella me había entendido.
Todos comenzaron a silbar entre los gritos y exclamaciones  ante la escena que acababan de presenciar entre nosotros.
-¡Iros a un hotel!-gritó uno de ellos.
-No hace falta, Jeren- contestó ella de nuevo con una sonrisa observándome.
¿Cómo coño lo hacía para saberse todos los nombres si era nueva? La miré interrogante mientras ella reía caminando hasta la radio.
-Haremos un pequeño cambio...-murmuró mientras cambiaba el CD y comenzaba a sonar otra canción-. Todos por parejas, yo las elegiré.
Comenzó a caminar por la sala asignando a todos a un compañero. A todos, menos  mí.
-Vick-murmuró con una sonrisa malvada.
-¿Si, querida profesora?-susurré mirándola mientras hacía una reverencia hacia ella haciendo que todos se echaran a reír.
-Tú te vienes conmigo-contestó antes de que comenzara a sonar otra canción.


Silene comenzó a moverse a mi alrededor, moviendo sus caderas, sin dejar de mirarme en ningún solo segundo mientras la música sonaba de fondo. Parecía una indirecta muy directa...
"Hey, get your back off the wall, don´t you get confortable looking so hot I think that I mihght fall"
Siguió bailando conmigo, nuestros ojos no se separaban de nosotros. Estábamos totalmente pegados mientras los demás nos observaban estupefactos.
Pero en ese instante, mientras ambos bailábamos, no me importó toda esa gente que nos observaba mientras nos movíamos al ritmo de la música."Just what I want so when we move you move" Era como si todo estuviese planeado y ensayado miles de veces hasta llegar a la perfección. Nos movíamos a la vez, completamente compaginados. Sonreí mientras ella susurraba de nuevo el estribillo de la canción, haciendo que yo me pegara más a su cuerpo.
-Looking so hot- susurró en mi oído antes de seguir bailando hasta finalizar la canción.
Nos paramos jadeando por el cansancio y nos miramos directamente a los ojos antes de que una sonrisa se formara en nuestros labios.
-Bien hecho, Vick-susurró Silene guiñándome un ojo.
-Lo mismo digo, Silene-contesté son dejar de mirarla con una sonrisa, escuchando los aplausos de los demás de fondo.

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 15. Te quiero.

Kiara.
Nuestros ojos se conectaron al momento, mirándonos fijamente como si no existiese nadie mas que nosotros dos en ese mismo instante, gris con verde, sin apartar la mirada en ningún solo momento el uno del otro, a centímetros de distancia.
Sabía que con solo moverme un poco nuestros labios chocarían fundiéndose en un beso, pero no estaba segura de hacerlo.
Aquel chico me gustaba de verdad, sentían algo por él que nunca había sentido con nadie anteriormente. Era como si cada vez que lo mirara no pudiese evitar sonreírle tontamente, de observar a esos hermosos ojos verdes que brillaban en la oscuridad, iluminándome, llenándome de vitalidad y luz, guiándome en todo momento por el buen camino. Era difícil explicar lo que sentía por ese chico con palabras, no podía definirlo. Era...como mágico e inexplicable.
Cada vez que su piel rozaba la mía conseguía ponerme los pelos de punta, con solo escuchar su voz tan hermosa sentía escalofríos por todo mi cuerpo....inexplicable. No había palabras para describirlo.
Me sentía bien a su lado, querida, sabía que podía confiar en él en cualquier momento, que podía contarle cualquier cosa y Yulem me escucharía atentamente.  Era mi ángel de la guardia que me cuidaba en todo momento, alguien demasiado importante en mi vida como para dejarlo ir.
Sus ojos verdes me observaban en todo momento mientras las mariposas crecían en mi estómago hasta formar un zoo. Entonces ahí fue cuando me di cuenta de que no solo quería a Yulem como un amigo, aquello que sentía no era simple atracción física. Me gustaba, incluso se podría decir que lo quería...aunque eso era palabras mayores.
Pensé en qué sentiría él por mí. No sabía que era, pero algo existía, si no, se habría apartado...supongo.
Estaba confusa, demasiado. Miles de sentimientos me rodeaban y no sabía si hacerle caso a mi mente, que me ordenaba apartarme de aquel chico para no salir sufriendo, o mi corazón, que quería que me quedase con él, que terminase esos centímetros que nos separaban y juntara nuestros labios, que me pedía a gritos estar el resto de mi vida con él.
No sabía que decidir, pero al parecer Yulem si, porque de un momento a otro me encontraba besándolo, con nuestros labios moviéndose al compás de una melodía imaginaria, como si lo hiciesen diariamente. Era un beso lleno de dulzura, cariño, pero sobre todo de amor. Algo que me dejó decidir de una vez que, aunque saliese mal parada de aquella aventura a su lado, no iba a dejarla pasar.
Porque Yulem me gustaba, porque él era alguien muy importante para mí, porque él era la razón de mi vivir, porque él era a quien quería de verdad, de quien estaba....enamorada.
Nos aparatamos levemente para poder coger aire a nuestros pulmones, jadeando por nuestro beso. Abrí los ojos para toparme con los suyos, verdes, mirándome fijamente, con un brillo que nunca antes había visto.
Yulem sonreía de oreja a oreja mirándome, mientras reía de pura felicidad. Sonreí agachando la cabeza hasta que su mano se posó en mi mentón levantándolo para mirarnos de nuevo, volviendo a formar esa conexión donde hablábamos sin palabras. Algo muy difícil de entender, pero demasiado fácil entre nosotros dos, como si tuviésemos nuestro propio idioma.
-Te quiero, Kiara-susurró antes de juntar nuestros labios de nuevo en otro beso lleno de dulzura y, sobre todo, lleno de amor.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Capítulo 14. Estábamos a tan solo unos centímetros.

Yulem

Las semanas pasaban lentamente y todo seguía igual. O casi todo.
Habíamos entrado en el bosque varias veces sin mucho resultado. Siempre era lo mismo, nunca encontrábamos nada que nos indicara que la flor estaba cerca.
Mi hermano se había apuntado a unas clases de baile en una academia cerca de casa. Era algo bastante raro,  pues él era muy malo bailando y no le gustaba, pero aún así iba casi todos los días a las clases. Su buen humor aumentaba cada vez más y no sabía por qué, aunque no quería entrometerme en su vida.
Ahora, un viernes por la tarde habíamos decidido no salir al bosque, asi que yo me encontraba tumbado en el sofá del salón sin mucho que hacer.
Vick apareció saltando las escaleras de dos en dos con una sonrisa de oreja a oreja, con su mochila agarrada a su mano.
-¡Me vooy!-gritó entusiasmado corriendo hacia la puerta.
-¡Quieto ahí!- le dije, haciendo que éste se parase y se girase para mirarme.
-¿Qué?-preguntó confundido.
-Vick, ¿qué es lo que te ocurre?
-¿A mi?- frunció el ceño-. Nada, estoy normaaal-dijo alargando la "a".
-¿Normal?-pregunté incrédulo, levantándome y señalándolo con mi dedo índice-. Tú no estás normal.
-No me pasa nada, de verdaaad-dijo él como si lo estuviese cansando.
-Estás muy alegre, saltas y bailas por todos lados. ¡Tú nunca has hecho eso!
-Y dale...-farfulló-. Que no me pasa nada. Solo estoy feliz, ¿vale? Además, me gusta este lugar, este mundo. Es tranquilo, y tengo libertad para hacer lo que quiera. Me gusta-añadió encogiéndose de hombros.
-Já. Tú estas...¡Enamorado!-exclamé-. ¡Sí!
-¿¡PERO QUÉ DICES?!-chilló con los ojos muy abiertos-. ¿¡Estás loco?!-gritó antes de golpearme en la cabeza.
-¡Auch! ¡Que si! ¡Que si!-insistí-.¡Tú estás enamorado! ¡Por eso los saltitos, los bailecitos y todo eso! ¿Quién es la afortunada, eh, eh? ¿Quién?
-¡Que no me gusta nadie!-gritó comenzando a sonrojarse-. ¡Nadie!
-¡Mírate!-contesté ignorándolo- ¡Si hasta estas rojo! ¡Rojo!
-¡No estoy rojo!-protestó-. ¡Me voy!-gritó antes de, literalmente, correr hasta la puerta.
-¡No te salvaras de esta tan fácilmente!-grité antes de escuchar el ruido de la puerta, indicando que él se habia ido.
Negué con la cabeza divertido antes de dejarme caer en el sofá, clavándome algo en la espalda.
Hice una mueca agarrando eso que me había provocado el dolor en mi espalda.
-Maldito móvil-refunfuñé antes de dejarlo en la mesita.
Entonces fue cuando se me ocurrió una idea. Quizás...si la llamaba...

-Pasa-murmuré abriéndole la puerta.
-Gracias...-susurró ella, tímida, agachando la cabeza.
Sonreí ternamente viendo como ella intentaba esconderse tras su pelo.
-Ven-dije, y agarré su mano tirando de ella.
Kiara sonrió antes de seguirme, caminando detrás de mi.
-El jardín está por ahi-señalé hacia la puerta de cristal-. Ahora mismo voy, tengo que cambiarme.
-Claro-aceptó soltando mi mano y caminando hacia la parte trasera de la casa.
Sonreí al verla y subí los escalones hasta llegar a mi habitación, donde rápidamente cambié mi ropa por un bañador largo negro, que casi me llegaba a las rodillas. Agarré una toalla de playa y salté las escaleras de vuelta al salón, abriendo la puerta y saliendo al jardín.
Observé a Kiara tumbada en su toalla boca arriba, con los ojos cerrados. Llevaba puesto un bikini amarillo con rallas blancas que favorecía a su pequeña figura, mostrando sus curvas.
-Hola-susurré dejando mi toalla a su lado.
-Hola-contestó ella abriendo los ojos.
Definitivamente, ella era preciosa.
De su bolsa sacó la crema para el sol, comenzando a hecharse por sus largas piernas.
-¿Me hechas?-preguntó.
-Cla...claro-tartamudeé sonrojándome, sin dejar de mirarla.
Ella sonrió tímidamente antes de girarse boca abajo, dejando a la vista su espalda.
Comencé a hecharle crema, estendiéndola mientras ella dejaba caer su cabeza sobre sus brazos, cerrando los ojos.
-Esto es muy relajante-murmuró.
Me reí sin dejar de estender la crema.
-¿Crees que podría ser masajista?-pregunté con una sonrisa.
-Claro. Eso sí, a mí me harías un descuento, ¿verdad?-preguntó abriendo los ojos para mirarme.
-Claro-contesté riendo.
Ella se acomodó y yo seguí hechando crema por toda la espalda hasta, al fin, finalizar.
-Ya está-susurré acercándome a ella, con mi boca rozando su oído.
-Gracias-susurró girándose hasta quedar completamente pegados.
-Ahora te toca a ti-murmuré antes de tumbarme.
-Por supuesto-contestó ella, sentándose encima de mí.
Me reí mientras ella cojía el bote, abriéndolo y hechando crema en su mano, para después ponerla en mi espalda.
-¡Está fria!-protesté.
-Quejica...-murmuró ella somriendo.
Kiara comenzó a pasar sus manos por mis hombros, mientras yo cerraba los ojos, disfrutando. Sus dedos masajearon mis músculos, relajándolos, bajando cada vez más, hasta llegar al borde de mi bañador, donde volvió a subir.
-Me voy a quedar dormido-murmuré ante tanta relajación.
-Como quieras-susurró ella-. Puedes dormir.
Sonreí mientras Kiara acababa, bajándose y sentándose en su toalla.
-Gracias-susurré girando mi cabeza para verla.
Ella sonrió tímidamente.
-De nada-dijo, con su dulce sonrisa.
-Eras muy linda-dije, pensando en alto.
Cuando me dí cuenta de que lo había dicho en alto, abrí mucho los ojos son poder creémelo y, inconscientemente, pasé una mano por mis rizos. Era algo que hacía cuando estaba nervioso, una de mis muchas manías.
Ella se sonrojó y rió, mirando hacia otro lado mientras yo agachaba la cabeza, rojo.
-Gracias-susurró con una sonrisa, volviendo a mirarme a los ojos, dejándome sin habla. Sus ojos grises...en verdad me tenían hipnotizado.
-Em...-balbuceé sin dejar de mirarla-. ¿Vamos al agua?-pregunté.
-No, gracias. Yo iré después, ve tú.
-Venga, ¡por favor! Si estoy yo solo no es tan divertido, ¿por favor?-murmuré, mirándola fijamente.
-Oh no, no, no, no, no. Tu carita de corderito degollado no funciona conmigo. ¡No me mires asi!-protestó, aunque no le hice mucho caso.
-Por faaaa- susurré como un niño pequeño, poniendo morritos.
-¡No!-exclamó ella.
-¡Pues yo digo que sí!-contradecí levantándola y llevándola en brazos.
-¡No! ¡YULEM!-chilló intentando bajarse.
-Cuando Yulem quiere algo-recité-lo consigue. Lo siento, preciosa-añadí saltando al agua.
Cuando ésta impactó contra nosotros, solté a Kiara y abrí los ojos debajo del agua, viendo como ella se impulsaba para salir a la superficie antes que yo.
-¡ERES UN GILIPOLLAS!-gritó acercándose rápidamente hacia mí, comenzando a golpear mi pecho con sus puños.
-¡Oye, oye! ¡Pero no me pegues! ¡Lo siento, no pensé que te pondrías así!
Agarré sus muñecas haciendo que parase de golpearme, pero no la solté, sino que la acerqué más a mí.
-Lo siento-susurré serio-. Perdóname, por favor. No quiero estar mal contigo.
-Suéltame-gruñó ella forcejeando para soltarse.
-No, no te voy a soltar hasta que me perdones.
Ella suspiró pesadamente.
-No pasa nada, en realidad no tendría que haber reaccionado así...Lo siento. Pero no lo vuelvas a hacer, me asustaste. No sé nadar, idiota.
-Yo también lo siento-susurré abrazándola con una sonrisa-. Debería de haberte hecho caso. ¿Me perdonas?-pregunté poniendo morritos.
Ella sonrió tiernamente.
-Claro que te perdono, bobo-murmuró acercándose a mí hasta besar mi mejilla, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, sintiendo como mis mejillas se volvían de color rojo, al igual que las de ella.
-Ahora vamos a hacer que aprendas a nadar-murmuré sonriendo, sin soltar sus manos.
-¡No!-protestó ella.
-Tranquila, vamos-dije y comencé a arrastrarla hasta el lugar mas hondo de la piscina.
-¡Yulem!-gritó mirándome con terror-. ¡Aquí no doy pie!
-Lo sé, pero tranquila, te estoy sujetando, ¿recuerdas?-susurré.
-No me sueltes, por favor-murmuró ella.
-No te voy a soltar, pequeña. Tú solo relájate, puedes hacerlo.
Kiara se acercó más a mí impulsándose con sus manos hasta estar casi pegados, posando sus manos en mis hombros.
-Tengo miedo-susurró mirándome.
-No pasa nada, Kiara. Tranquila. Estás conmigo, no voy a permitir que nada malo te pase, créeme- y lo decía en serio, no solo en la piscina. Si a ella le pasaba algo...
-¿De verdad?-preguntó sin apartar sus ojos grises de mi, esos que me volvían loco.
-De verdad-prometí en un susurro, acercándome más a ella y pasando mis manos hasta dejarlas en su cintura.
Nos miramos fijamente a los ojos sin apartarnos ni un centímetro. Estábamos tan cerca que si me movía un milímetro nuestras frentes chocarían y estaría demasiado próximo de sus labios.
Tragué saliva mientras mis dedos hacían pequeños círculos en su cintura. Ella pasó sus brazos por mi cuello, acariciando mis rizos mojados.
-Me gustan tus rizos, Yulem-murmuró-. Son muy lindos.
Sonreí sin poder contestarla, relajándome ante su contacto.
Cada vez estábamos más y más cerca. Con solo un movimiento nuestros labios chocarían, y quería dar ese paso. Estábamos a tan solo unos centímetros...

viernes, 11 de octubre de 2013

Capítulo 13. Vecinos.

Silene.

Me senté en la cama, con las piernas cruzadas sobre las mantas, recordando la canción de Derek sobre Amy.
Cada vez me daba cuenta de lo buena persona que era él. Tan cariñoso, amable y dulcemente tierno, divertido y simpático. Sonreí al recordar el entusiasmo de su madre. Ella era una dulzura de mujer, muy atenta y tan cariñosa como su hijo. Era divertida, una de esas madres que perfectamente podian ser las mejores amigas de sus hijas.
Cerré los ojos tumbándome, pensando que con mi madre había sido todo lo contrario.
Con ella era todo entrenar, practicar y más entrenar. Nunca se comportó como una verdadera madre, nunca me preguntó si necesitaba hablar de algo, nunca me abrazó, o simplemente nunca habló conmigo nada más que del entrenamiento, porque en el mundo Oscurix todo era frío, oscuro y sin sentimientos aparte del odio y rencor. Y yo, como su hija, tenía que dar lo mejor de mí para no avergonzar a una de las más importantes guerreras del mundo, por lo que siempre estaba esforzándome hasta el límite, intentando que mi madre se sintiese orgullosa de mí.
Porque eso era lo que más me importaba. Yo estaba trabajando duro por ella, para que sintiese orgullo de su hija, y no asco, o vergüenza. Para mí era lo único que imortaba, pues ella siempre me criticaba, y yo quería que en verdad estuviese orgullosa de su hija. Y si para eso era necesario llegar hasta el punto de matar....
Suspiré pesadamente mientras intentaba olvidarme de ese mundo del que cada vez me sentía menos identificada.
Para cualquier otra persona de Oscurix, que lo eligieran para una misión tan importante como esta, sería un orgullo y estarían encantados de estar en mi puesto, pero para mí no.
Había comenzado a sentirme más humana, identificada con este mundo. Le había cojido incluso cariño al lugar, a las personas.
En Oscurix, yo me sentía fuera de lugar, excuída, una rarita, como si fuese de otro mundo. Pensaba que yo no estaba hecha para eso, pero aún así me callaba y seguía esforzándome.
Fue una melodía la que me sacó de mis pensamientos, haciendo que girara mi cabeza en busca del lugar de donde provenía.
Cuando observé por la ventana, comencé a reir a carcajadas mientras observaba a Vick.
Éste se encontraba saltando en su habitación, con la música a todo volumen. Era gracioso verlo, con su pelo rubio desordenado que se movía de un lado a otro, como su cabeza, al rito de la música, mientras él movía sus brazos y su cuerpo, intentando bailar, aunque estaba claro que eso no era lo suyo.
-Está loco-susurré para mí misma, sonriendo y viéndolo, mientras negaba con la cabeza, divertida-. Como una cabra-añadí mientras él seguía con su baile.
Cojí un papel de una libreta, y con mi bolígrafo verde escribí una nota.
Después, abrí mi ventana y la lancé, haciendo que con la ayuda del viento el papelito callese en el suelo de Vick.
Este, dos minutos después, mientras bailaba, se dio cuenta de la nota que reposaba en el suelo. Con el ceño fruncido la cojió, leyéndola.
"Debes mejorar tus pasos de baile, Vick. Y, por favor, baja el volumen de tu música.
Tu vecina, Silene"
Su rostro comenzó a cojer un tono rojizo cuando se dió la vuelta, mirándome, mientras yo lo saludaba con la mano, sonriéndole apollada en el alféizar de la ventana.
-Mierda-lo escuché murmurar antes de correr hacia el reproductor de música apagándolo.
-Veo que al fin te diste cuenta, querido vecino-saludé entre carcajadas.
Él enroceció aún mas, agachando la cabeza y murmurando cosas que no pude escuchar.
-Oye, ¿que te pasa en la cara?-pregunté bromeando-. Creo que tienes algo rojo justo...¡por toda ella!
-Ya te vale, Silene-murmuró él tan rojo como un tomate.
-Lo siento, lo siento-contesté aguantando la risa-. Pero es que tus intentos de bailar son muy graciosos.
Él aguantó una pequeña sonrisa mientras cerraba la ventana después de murmurar un "como si yo no oyese tus ronquidos".
-¡Oye!-protesté-. ¡Yo no ronco!
Vick,después de unos minutos en los cuales desapareció de mi vista, abrió la ventana enseñando unos pequeños tapones entre sus manos.
-¿Sabes para qué es esto?-dijo sonriendo burlonamente-. Para poder dormir sin escucharte.
Yo abrí la boca de par en par, sorprendida por la audacia de ese chico y su manera de burlarse de mí, sin tenerme miedo.
-Eres un cabrón-murmuré sonriendo antes de cerrar la ventana-. Ah, por cierto. Cerca de aquí hay una escuela de baile, apúntante, quizás puedas mejorar un poquito-contraataqué.
-Lo haré-contestó él con indiferencia-. Y tú ve a un médico, tus ronquidos no son algo normal- añadió cerrando su ventana.

Cojí un paquete de palomitas del armario, metiéndolo en el microondas para quentarlo. Mientras, busqué en la televisión alguna película para poder ver.
Estaba aburrida, y habían pasado horas desde el encuentro con Vick. El cielo era ahora completamente negro, con sus estrellas y la luna. No tenía sueño, por lo que había decidido buscar una película en la televisión, para verla mientras me atiborraba a palomitas.
No era muy divertido, pero lo suficiente como para no aburrirme.
Cuando el microondas pitó, me levanté del sofa donde me había sentado mientras buscaba entre los canales, para volver a la cocina, donde cojí el paquete y vacié el contenido en un recipiente. Después caminé de vuelta al salon donde me senté de nuevo en el sofá, mientras probaba las sabrosas palomitas y reeprendía mi búsqueda en la televisión.
Cuando me cansé de buscar sin que mi búsqueda diese resultado, dejé en una canal para niños pequeños, viendo como comenzaba "Bob Esponja".
Entretenida, dejé en ese programa viéndolo mientras me zampaba las palomitas.
Después de aproximadamente una hora viendo la televisión, media adormilada, subí las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde cojí mi pijama y entré en el baño para ponérmelo.
Cuando salí, observé una notita en el suelo, al lado de mi ventana.
La abrí sonriendo, sabiendo perfectamente a quien pertenecía.
"Querida vecina, procura no roncar mucho esta noche, por favor.
Saludos, tu vecino Vick"
-Será cabrón el tío-susurré mientras veía por la ventana, observando como entraba en su habitación con una sonrisa de ojera a oreja.
-He perdido uno de los tapones, por eso-dijo él.
-¿Fuiste a apuntarte a clases?-pregunté.
-No, hoy estaba cerrado-contestó él-. Pero tranquila, iré mañana-después me guiño un ojo antes de meterse en su cama.
Sonreí negando con la cabeza antes de meterme en mi cama, para después de media hora entre vuelta y vuelta, quedarme profundamente dormida.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 12. Enamorada

Kiara.

-¡Vamos!-me animó Ane mientras ella bailaba- ¡Ven!
-¡No!-grité yo. El ruído de la música me impedía escucharla claramente- ¡No voy a bailar!
-Oh, ¡venga!-contestó ella con su sonrisa mientras se acercaba a mí-. ¡Nos divertiremos!
-¡Sabes que bailo de pena!-respondí viendo como ella tiraba de mi brazo.
-¡Pero qué mentirosa que eres! ¡Si bailas genial!
Acabé sonriendo. Solo ella sabía como engatusarme para acabar haciendo lo que quería. Me acerqué a Ane quien sonrió triunfal mientras yo comenzaba a bailar entre risas.
Pasamos un buen rato bailando y riendo en el salón de nuestra casa, peleándonos por las canciones que queríamos poner.
Cuando comenzó a sonar Mirrors, de Justin Timberlake, caimos rendidas en el sofá riendo.
-Y dime, Ane. ¿Qué hicisteis cuando os quedasteis solos?-cuestioné riendo mientras ella se ruborizaba.
-¡No hicimos nada! Solo hablamos. Y bueno...
-¿Qué? ¿¡Te besó?!-pregunté impaciente.
-No, no. Ya me gustaría a mí que me besase....Él me hizo sentarme en su regazo. Y, ¿sabes qué? Él es tan mono... ¡Y tan lindo! Estuvimos conociéndonos, aunque no me acuerdo mucho de lo que me contó...lo tenía tan cerca que no podía concentrarme en qué era lo que él me decía. Tiene una sonrisa preciosa. Aunque creo que se averguenza un poco por sus dientes torcidos e intenta esconderlos la mayor parte de las veces, pero su sonrisa es preciosa. Y cuando ríe...es indescriptible...Sus ojos brillan de felicidad y su voz suena por toda la habitación. Tiene una risa super ruidosa y encantadora a la vez-dijo ella con una sonrisa encantadora.
-¿Ane?-pregunté viendo como ella miraba el techo suspirando con su sonrisa de tonta enamorada.
-¿Qué?-contestó ella cuando la saqué de su mundo Vicklandia.
-¿Te estás dando cuenta de lo que te está pasando?-cuestioné mirándola fijamente con una sonrisa.
-¿Qué me pasa?-preguntó ella confusa con el ceño fruncido.
-Estas enamorada de Vick-respondí segura de mis palabras.
Ella agachó la cabeza hasta mirar el suelo sonriendo antes de levantarla de nuevo para quedar mirándome.
-¿Sabes? Tienes razón y esta vez no te lo voy a negar. Estoy enamorada de Vick.
Chillé feliz antes de abrazarla riendo fuertemente contenta al fin de que encontrase el amor.
Ella era una chica bastante tímida y a la vez preciosa. Tenía a algún chico detrás de ella, pero Ane era algo insegura con sus sentimientos y se negaba a aceptar que le gustaba alguien. Ella tenía miedo de salir mal parada, con el corazón partido en dos.
Pero algo había cambiado con Vick. Ahora era más segura y sin miedo de enamorarse. Ese chico le había dado fuerte.
-Bueno, ¿y vosotros que hiciesteis?-preguntó ella riendo cuando la solté.
-No mucho, la verdad-respondí sonriendo mientras recordaba la magnífica tarde con Yulem-. Estuvimos en el jardin, yo sentada en su regazo bajo un árbol mientras él me abrazaba-decidí no contar la parte de la nieve, aún no sabía como había ocurrido.
-Awww. ¡Pero que lindos!-respondió ella mientras yo me ruborizaba-. Te gusta, ¡ehh!
-¿Qué?-contesté yo-. No.  No no no no.
-Oh venga, ¡no lo niegues!-insistió ella.
-Ane. A mi no me gusta...solo me atrae físicamente-admití.
-Claro, claro-murmuró ella no muy convencida.
-¡De verdad! Además, ahora lo importante eres tú y Vick-respondí riendo.
-¿Crees que volveremos a verlos?-preguntó después de varios minutos en silencio.
-Bueno...no lo sé. No tenemos sus números y no saben donde vivimos...
-Kiara, yo..-susurró ella mirando al suelo.
-¿Tú que?-exigí.
-Él si tiene mi número...
-¿¡Tiene tu número?!-pregunté ilusionada.
-Si. Y Yulem el tuyo...-mascuyó.
-Espera, ¿¡QUÉ?!-chillé con los ojos abiertos como platos.
-Cuando fuistes al baño, en la peli, antes de sentarte en su regazo. Él aprovechó para pedirme tu número y claro, como sé que eres demasiado tímida como para dárselo tú....se lo dije.
-Dios mío....no sé si matarte, abrazarte, o pedirte que te cases conmigo-contesté viendo como ella reía.
Seguimos hablando y contándonos cosas todo el resto de la tarde hasta caer la noche.
Juntas preparamos algo para cenar y, después de sentaros ambas en el sofá, comenzamos a comer mientras veíamos la tele.
-Ane, son las once de la noche. Me voy a dormir, ¿vale?
-¿Eh?-murmuró ella desviando la mirada brevemente del televisor.
-Que me voy a dormir-repetí observando como ella se levantaba del sofá y dejaba su plato en la mesita.
-Buenas noches reina-murmuró abrazándome.
-Buenas noches princesa, te quiero-susurré antes de besar su mejilla y subir las escaleras hasta mi habitación.
Cuando llegué al dormitorio, busqué a mi derecha en el armario con puertas deslizantes de cristal mi pijama rojo corto y me metí en la cama, cojiendo una foto de la mesilla que estaba junto a esta.
-Buenas noches, mamá-susurré acariciando el marco de la fotografía.
En ella salía mi madre conmigo en su regazo, las dos sonriendo felices rodeadas de árboles. Era la única foto que teníamos las dos juntas en el bosque.
Sonreí tristemente antes de dejar la foto en su sitio.
Cuando estaba a punto de girarme dispuesta a dormirme, un sonido del móvil me alertó de que alguien me había mandado un mensaje.
Lo cojí rápidamente para ver de un número desconocido un mensaje que me sacó una sonrisa.
"Buenas noches, Kiara. Que duermas bien, y descansa. Yulem"
"Buenas noches, Yulem. Que descanses, y dulces sueños" contesté antes de posar el móvil en la mesilla y dormirme porfundamente con una sonrisa.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Capítulo 11. Por ellos.

Yulem.

-Vick-lo llamé.
El bosque se alzaba imponente ante nuestros rostros, con sus altos árboles y su maleza, toda repleta de verde.
-Vamos allá-suspiró mi hermano, colocándose de nuevo la mochila mientras comenzaba a caminar hacia el bosque.
-Espera-dije antes de alcanzarlo y posar mi mano en su hombro-. Déjame ir a mi primero-añadí.
Él me observó y asintió comprendiendo que estaba en una de esas veces donde quería protegerlo de todo lo malo que le podía pasar.
Desde que nuestros padres habían muerto, yo sentí la necesidad de cuidar a mi hermano pequeño. Aunque fuese por unos minutos, el era el pequeño e indefenso Vick,y no quería que nada malo le pasase, quería protegerlo ante todo y todos porque apesar de todas nuestras peleas tontas, burlas, e idioteces, lo quería y era demasiado importante para mi como para perderlo a él también, y Vick lo comprendía perfectamente, porque yo sabía perfectamente que si él fuese el mayor, hubiese hecho lo mismo.
Me adentré en el bosque sin saber muy bien que camino tomar. La maleza era bastante espesa, impidiendo que abanzáramos a un buen ritmo, entorpeciéndonos mientras el silencio se hizo presente ante nosotros.
Caminamos un buen rato por el bosque con el sonido de nuestros pasos de fondo, mientras cada uno estaba enfrascado en sus pensamientos.
-Yulem-dijo mi hermano al cabo de un rato.
Me giré procupado por que le hubiera pasado algo malo, pero solo lo vi mirarme fijamente antes de que se abalanzara sobre mi en un abrazo.
-Gracias por cuidar de mi-susurró sin soltarme.
Respondí a su abrazo sorprendiéndome de lo que acababa de ocurrir. Hacía años que no habíamos hecho algo tan simple como abrazarnos, ni hablar sobre nuestros sentimientos y pensamientos.
-No debes de darme las gracias, Vick. Eres mi hermano, por nada del mundo permitiría que te ocurriese algo a ti también-respondí en un susurro sin separarme de él.
-Eres un gran hermano, Yulem-murmuró el separándose-. Aunque no te lo diga muy a menudo-dijo soltando una sonrisa-,eres el mejor hermano que nadie pudiese tener.
-Oh venga, no te pongas cursi ahora-bromeé mientras reía.
Vick sonrió agachando la cabeza. Al levantarla, su ronstro se veía serio y paré mi risa de golpe.
-Papá y mamá estarían orgullosos de ti-contestó mirándome a los ojos.
-Y de ti tambien, Vick. Y de ti tambien-susurré sin dejar de mirarlo a los ojos.

Vick se sentó en una de las piedras del pequeño descampado donde nos encontrábamos. Le seguí, hasta posar la mochila en el suelo y sentarme en otra piedra.
Observé a mi hermano cerrar los ojos, antes de comenzar a susurrar una melodía, que reconocí al momento. Él comenzó a cantarla, y yo le seguí.
" Llorando los niños duermen. La cuna vieja se mueve. Con la historia de los duendes de la luz.
Si el niño llora, todo se para.
Pero si el sonríe, la luz brilla.
Sólo hay que pensar que todo va a cambiar. Que la libertad está en el corazón.
Cuando un niño llora es cuando más sueños aparecen, en su interior. Sólo hay que verlos para iluminarlos.
Los niños lloran, la luna brilla, con el blanco roto de la villa.
Hay que conseguir que el niño pare, pero eso sólo, sólo puede hacerlo su madre.
Mis niños duermen con la luna, sus sueños parecen felices, ya que ninguno llora.
Mis niños sonríen para que su madre, dormir tranquila, una noche más, pueda y ella misma pueda soñar"
Terminamos la canción, ambos con los ojos cerrados recordando el momento en el que nuestra madre nos la cantaba. Ella tenía un don para eso, su voz era hermosa y ella siempre estaba cantando, o murmurando canciones.
Recordé que ella siempre nos la cantaba cuando estábamos tristes o cuando no podíamos dormir. Era una canción que me recordaba a nuestro mundo, a Lumix, a nuestra madre. Ella era una gran persona que no se merecía una muerte tan cruel. Siempre llena de alegría y cantando, era una persona que con solo verla te alegraba. Ella era nuestra madre, ahora muerta.
Me acerqué a mi hermano que sonreía tristemente. Al llegar a su lado, estiré mi brazo mirándolo y, cuando él agarró mi mano, tiré de él hasta levantarlo.
Lo abracé con fuerza, sientiendo como sus brazos me rodeaban y reposaba su cabeza en mi hombro.
Su cuerpo tembló un momento antes de sentir un escalofrío recorría el mio.
Escuché un sollozo proveniente de Vick y aferré mis brazos más fuerte sobre él.
Hechábamos de menos a nuestros padres. Ellos eran demasiado importantes para nosotros, y ahora que no estaban a nuestro lado nos hacían muchísima falta.
No éramos tan fuertes como aparentábamos. Éramos seres débiles, no podíamos aguantar mucho más así. Ellos nos hacían demasiada falta, eran muy importantes para nosotros.
Había escuchado muchos días los sollozos de mi hermano encerrado en su habitación, y siempre reprimía los impulsos  de correr hasta él y abrazarlo intentando que se calmara. No soportaba ver a mi hermano sufrir, era algo que me superaba.
Pero yo no estaba mucho mejor. No lloraba, pues tenía que ser fuerte por y para mi hermano, para poder cuidarlo.
Pero esa vez no pude aguantarlo más, y mientras una lágrima recorría mi cara, juré que vengaría la muerte de mis padres.
Por ellos, esas magníficas personas que habían dado su vida por nosotros. Por ellos, iba a seguir adelante junto a mi hermano. Solo por ellos.
-Vamos, Vick-susurré-.Tenemos que ser fuertes. Seguir adelante.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Capítulo 10. La canción.

Silene

-¡Silene!-escuché detrás de mí.
Giré mi columpio hasta ver a Derek acercarse con su tímida y bonita sonrisa. Me encantaba esa sonrisa. Era él, el Derek de verdad, sin niguna fachada tras cual esconderse.
-Hola- murmuré abrazándolo cuando llegó hasta mi.
-Me alegro de volver a verte-sonrió antes de sentarse en el otro asiento vacío.
-Este lugar es precioso, me gusta estar aquí- respondí mirándolo.
Derek sonrió asintiendo antes de alargar su mano, encontrando la mía, hasta entrelazar nuestros dedos.
Su mano se sentía cálida y suave a diferencia de la mía, que estaba conjelada. Acariciaba con su pulgar mis nudillos, sin dejar de sonreír en ningún momento. Lo observé fijamente mientras él apartó su vista hasta mirar al frente.
Apreté su mano sonriendo, sin dejar de mirarlo mientras Derek observaba el árbol.
La calma y la paz nos envolvió lentamente mientras estábamos los dos solos en ese pequeño parque, sin hacer absolutamente nada, aparte de agarrar nuestras manos.
Sorprendentemente, me di de cuenta de lo segura que me sentía al lado de Derek. Él era verdaderamente un gran chico, y me encantaba pasar tiempo con él. Era muy dulce y tierno, todo un chico perfecto, aunque tenía sus inseguridades, que hacían ver su parte donde expresaba su miedo a ser rechazado. Era como un niño pequeño con miedo de una tormenta, encerrado en su cuarto sin querer salir, escondiéndose de sus miedos e inseguridades.

-Quiero enseñarte una cosa- murmuró al poco rato. No nos habíamos movido en todo el rato que había pasado.
Él se volvió para mirarme con nerviosismo.
-Claro-acepté sin dejar de sonreírle mientras el se levantaba, sin separar nuestras manos, y se colocaba delanté de mi.
-Ven-susurró, tirando de mi mano hasta levantarme.
Caminamos los dos juntos con nuestras manos entrelazadas. Posé mi cabeza en su hombro, mientras él sonreía y con su brazo rodeó mi cuello, sin soltar nuestras manos. Levanté mi vista para verlo con su sonrisa mas sincera, sus ojos brillando de felicidad, era hermoso.
Seguimos paseando hasta llegar a una pequeña casa blanca con el tejado rojo, donde supuse que él vivía.
-Pasa-murmuró él cuando abrió la puerta.
-Gracias- contesté sonriendo mientras entraba.
Pasé a un pequeño pasillo con las paredes en blanco, con detalles en varios colores y muebles de madera bastantes bonitos.
-Mamá-dijo Derek cerrando la puerta y avanzando por la entrada-.¿Estás en casa?
-Estoy aquí- contestó una voz femenina en alguna habitación de la casa.
Él sonrió mientras agarró de nuevo mi mano tirando para que lo siguiera, hasta llegar a una cocina donde una mujer de pelo largo, liso y negro como el carbón cocinaba de espaldas a nosotros.
-Mamá...-murmuró Derek.
La mujer se giró rápidamente y sonrió al vernos. No era muy alta, sino mas pequeña que yo. Tenía los mismos ojos que su hijo y una sonrisa muy bonita.
-¡Hola!-saludó mientras se acercaba hasta nosotros y me abrazaba fuertemente-.¿Quién es esta señorita tan bonita?-preguntó sonriendo al soltarme, mientras posaba sus manos en mis hombros.
-Es mi amiga, Silene-contestó Derek mientras sonreía hacia nosotras.
-Amiga, ¿eh?-dijo mirándonos con picardía mientras yo soltaba una carcajada, dándome de cuenta de que ella pensaba que éramos pareja.
-Si, señora, solo amiga-respondí sonriéndole.
-¿Como que señora?- reprendió ella-. Nada de eso, que no soy tan vieja, llámame Dionaris, linda.
-Por supuesto, Dionaris.
Sonreí mientras vi como Derek nos miraba con ternura y cariño, como si fuésemos lo más importante para él. Y eso me conmovió, me decaté del todo el amor que Derek radiaba. Él amaba a su madre, y me quería, éramos su único apollo en esos momentos.
-¿Vamos?-preguntó cuando se dio de cuenta de que lo observaba.
-Claro-contesté con una sonrisa caminando detras de él, subiendo unas escaleras.
Pasamos por varias puertas hasta llegar a una, casi al fondo del estrecho pero largo pasillo.
-Es esta, pasa-murmuró mientras habría la puerta y se apartaba dejándome espacio para entrar.
Dentro había una habitación, con las paredes pintadas de azul eléctrico, una cama de gran tamaño justo en el medio de la habitación, sus muebles y un escritorio caoba. Lo que más me llamó eso fue su ventana, por la cual se veía el parque con el árbol y los columpios.
Seguí inspecionando el dormitorio hasta que observé una foto que me impresionó. En ella salían un niño pequeño, rondando los 5 años, agarrando la mano de un hombre con una bata de hospital, mucho más mayor que el niño, posiblemente su padre.
El pequeño era muy bonito, con su pelo negro tan largo que le tapaban parte de sus ojitos azules, aunque miraba al hombre situado a su lado, como si estuviese dándole ánimos con su radiante sonrisa.
En cambio, el hombre tenía el pelo castaño, con algunas canas, sus ojos verdes miraban la cámara con tristeza y sonreía tristemente.
-Es mi padre-susurró Derek detrás de mi-. Tres días después de hacer esa foto, él...murió.
Me giré velozmente para vez a Derek, quien miraba la foto con cariño y  tristeza gravado en sus ojos azules. Lo abracé fuerte, sin querer soltarlo nunca, mientras pensaba.
Él era un gran chico, una persona increhíblemente buena y cariñosa, amable, respetuosa, pero en cambio, la vida no le sonreía precisamente. Con sus inseguridades a ser rechazado como realmente era en el instituto, su padre fallecido y la chica que quería, que aparentemente le odia, no estaba pasando precisamente por su mejor momento. Derek no se merecía para nada eso, era una gran persona.

-Venga, inténtalo-me animó Derek.
-No, no. Quiero que toques tú de nuevo, la guitarra no es lo mio-contesté.
-Venga, anda. Yo ya toqué varias canciones, ahora te toca a tí- suplicó él estendiendo su guitarra mientras hacía un puchero.
Habían pasado unas cuantas horas desde que había llegado a su casa. Él tenía su guitarra aquí. Según me había contado, tenía dos. Una la guardada en el instituto, y esta, que tenía en casa para practicar.
-Bueno, vale. Pero yo no sé como es esto-respondí cediendo ante su sonrisa, mientras él reía y me pasaba su guitarra.
-Te enseño, no te preocupes-dijo mientras se acercaba a mí.
-Es bonita-comenté mientras miraba la guitarra.
Estaba pintada de un blanco impecable, sin ningun rallazo o golpe visible. Tenía unas letras escritas en negro, en una esquina de la guitarra.
"Para que te acuerdes de mí" ponía. Y debajo, una firma con el nombre de Amy.
Volteé la cabeza para ver a Derek, que estaba a mi lado mirándome con una sonrisa triste.
-¿Te la regaló ella?-murmuré mirando sus ojos azules.
-Fue mi regalo de cumpleaños, esta guitarra es muy especial para mi-susurró mirándola, mientras pasaba su mano hasta posarla sobe la firma de ella, su brazo rodeando mi lado izquierdo.
-Eso es muy bonito-respondí mirando su mano acariciando la guitarra.
-Si...supongo..
-Bueno, ¿me enseñas a tocar?-pregunté sonriéndole, haciendo que su cara se iluminara de felicidad antes de ponerme en sus piernas, con mi espalda chocando contra su pecho.
Sus manos agarraron la mía, con nuestros dedos rozándose.
Él los guió hasta comenzar una bonita melodía, que a la vez la tocaba yo.
Sentí su aliento chocar con mi oreja, antes de escucharlo susurrar la letra de la canción, una canción donde expresaba todo sus sentimientos hacia aquella chica que había perdido.

"Llorar no vale la pena, pero si lo tengo que hacer por ti lo haré. 
Una amistad como el cielo, así te quiero, pero no te tengo...
Es triste imaginar, que antes tenía una posibilidad. 
Ahora sólo me queda la esperanza de que vuelvas a mi lado para caminar..."