Translate

sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 16. Move.

Vick
Sonreí al suelo mientras comenzaba a caminar hacia la escuela de baile. Era increíble todo lo que había cambiado mi vida en tan poco tiempo. Ahora estaba apuntado a esas clases. Al principio solo fue una simple broma, no iba nada en serio, la verdad. Pero después...Después me di cuenta de que bailando podía expresar mis sentimientos y al mismo tiempo divertirme.
Ahora, bailar era parte de mi vida y, aunque no me gustaba mucho la idea de darle las gracias a Silene, en verdad mi buen humor se debía a su consejo de apuntarme a las clases.
Pronto me encontré ante las grandes puertas negras, y las empujé entrando a la habitación donde había mejorado notablemente con mis pasos.
-¡Eh!-gritaron en cuanto me vieron-¡Novato, acércate!
Sonreí negando con la cabeza divertido mientras me acercaba a Jason, uno de los profesores.
-¡Hey!-saludé al llegar junto al grupo.
-Hoy viene la nueva profesora que necesitábamos, ya sabéis que Marco se fue a Italia-contestó.
-Ah, claro, claro-respondí sonriendo.
-Bien, pues era lo único que quería decir. Ahora comenzamos, ¿no os parece?-dijo antes de dar palmadas con las manos, haciendo que todos le prestaran atención y se acercaran.


-Veo que has seguido mi consejo, Vick-gritó una voz a lo lejos, una voz bastante conocida...
Estábamos en medio de la clase, con la música de fondo mientras nosotros practicábamos.
Me dí rápidamente la vuelta para ver a Silene entrar por la puerta del estudio, con una mochila tras su espalda.
-¿Qué haces aquí?-pregunté mirándola extrañado.
Pero antes de que ella pudiese contestar, una voz respondió por Silene, apagando la música y acercándose a ella.
-Chicos-comenzó Jason-. Ella es Silene, nuestra profesora. Aunque creo que a alguno no le hace falta presentación....-bromeó mirándome pícaramente.
Desvié la mirada mientras todos comenzaban a reírse, sintiendo como mis mejillas tomaban color.
-Es mi vecina-farfullé mirando al suelo muerto de vergüenza.
-¡Pues tu vecina está muy buena!- gritó alguien desde el fondo de la sala, donde había un grupo que comenzó a reír.
Sonreí falsamente apretando mis puños cabreado. ¿Pero por qué me importaba tanto esa chica?
-Gracias, querido Marck-ironizó ella-. Pero no estoy interesada en ti.
Todos comenzaron a reír a carcajadas, incluido él.
-Me van mas los rubios-dijo ella haciendo que levantara rápidamente mi cabeza para observarla con los ojos abiertos como platos mientras me guiñaba un ojo sonriendo.
Todos comenzaron a decir un "oohh" y pronto se escuchó otra voz gritando "QUE SE BESEN!" Mientras yo me moría de la vergüenza y ella se reía.
Era malvada, ¿por qué me hacia pasar por eso?
Negué con la cabeza con una sonrisa falsa antes de acercarme a ella hasta acabar completamente pegados. Pasé mis manos sobre su cintura acabando todavía más unidos mientras ella deslizaba sus manos por mi cuello hasta rodearlo.
-Si juegas con fuego te acabas quemando-susurré con mi boca rozando su oído.
-Pero si no lo haces morirás de frío-contestó antes de besar la comisura de mis labios, apartándose con una sonrisa de triunfadora.
-Ya veremos-articulé sin producir ningún sonido, aunque sabía que ella me había entendido.
Todos comenzaron a silbar entre los gritos y exclamaciones  ante la escena que acababan de presenciar entre nosotros.
-¡Iros a un hotel!-gritó uno de ellos.
-No hace falta, Jeren- contestó ella de nuevo con una sonrisa observándome.
¿Cómo coño lo hacía para saberse todos los nombres si era nueva? La miré interrogante mientras ella reía caminando hasta la radio.
-Haremos un pequeño cambio...-murmuró mientras cambiaba el CD y comenzaba a sonar otra canción-. Todos por parejas, yo las elegiré.
Comenzó a caminar por la sala asignando a todos a un compañero. A todos, menos  mí.
-Vick-murmuró con una sonrisa malvada.
-¿Si, querida profesora?-susurré mirándola mientras hacía una reverencia hacia ella haciendo que todos se echaran a reír.
-Tú te vienes conmigo-contestó antes de que comenzara a sonar otra canción.


Silene comenzó a moverse a mi alrededor, moviendo sus caderas, sin dejar de mirarme en ningún solo segundo mientras la música sonaba de fondo. Parecía una indirecta muy directa...
"Hey, get your back off the wall, don´t you get confortable looking so hot I think that I mihght fall"
Siguió bailando conmigo, nuestros ojos no se separaban de nosotros. Estábamos totalmente pegados mientras los demás nos observaban estupefactos.
Pero en ese instante, mientras ambos bailábamos, no me importó toda esa gente que nos observaba mientras nos movíamos al ritmo de la música."Just what I want so when we move you move" Era como si todo estuviese planeado y ensayado miles de veces hasta llegar a la perfección. Nos movíamos a la vez, completamente compaginados. Sonreí mientras ella susurraba de nuevo el estribillo de la canción, haciendo que yo me pegara más a su cuerpo.
-Looking so hot- susurró en mi oído antes de seguir bailando hasta finalizar la canción.
Nos paramos jadeando por el cansancio y nos miramos directamente a los ojos antes de que una sonrisa se formara en nuestros labios.
-Bien hecho, Vick-susurró Silene guiñándome un ojo.
-Lo mismo digo, Silene-contesté son dejar de mirarla con una sonrisa, escuchando los aplausos de los demás de fondo.

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 15. Te quiero.

Kiara.
Nuestros ojos se conectaron al momento, mirándonos fijamente como si no existiese nadie mas que nosotros dos en ese mismo instante, gris con verde, sin apartar la mirada en ningún solo momento el uno del otro, a centímetros de distancia.
Sabía que con solo moverme un poco nuestros labios chocarían fundiéndose en un beso, pero no estaba segura de hacerlo.
Aquel chico me gustaba de verdad, sentían algo por él que nunca había sentido con nadie anteriormente. Era como si cada vez que lo mirara no pudiese evitar sonreírle tontamente, de observar a esos hermosos ojos verdes que brillaban en la oscuridad, iluminándome, llenándome de vitalidad y luz, guiándome en todo momento por el buen camino. Era difícil explicar lo que sentía por ese chico con palabras, no podía definirlo. Era...como mágico e inexplicable.
Cada vez que su piel rozaba la mía conseguía ponerme los pelos de punta, con solo escuchar su voz tan hermosa sentía escalofríos por todo mi cuerpo....inexplicable. No había palabras para describirlo.
Me sentía bien a su lado, querida, sabía que podía confiar en él en cualquier momento, que podía contarle cualquier cosa y Yulem me escucharía atentamente.  Era mi ángel de la guardia que me cuidaba en todo momento, alguien demasiado importante en mi vida como para dejarlo ir.
Sus ojos verdes me observaban en todo momento mientras las mariposas crecían en mi estómago hasta formar un zoo. Entonces ahí fue cuando me di cuenta de que no solo quería a Yulem como un amigo, aquello que sentía no era simple atracción física. Me gustaba, incluso se podría decir que lo quería...aunque eso era palabras mayores.
Pensé en qué sentiría él por mí. No sabía que era, pero algo existía, si no, se habría apartado...supongo.
Estaba confusa, demasiado. Miles de sentimientos me rodeaban y no sabía si hacerle caso a mi mente, que me ordenaba apartarme de aquel chico para no salir sufriendo, o mi corazón, que quería que me quedase con él, que terminase esos centímetros que nos separaban y juntara nuestros labios, que me pedía a gritos estar el resto de mi vida con él.
No sabía que decidir, pero al parecer Yulem si, porque de un momento a otro me encontraba besándolo, con nuestros labios moviéndose al compás de una melodía imaginaria, como si lo hiciesen diariamente. Era un beso lleno de dulzura, cariño, pero sobre todo de amor. Algo que me dejó decidir de una vez que, aunque saliese mal parada de aquella aventura a su lado, no iba a dejarla pasar.
Porque Yulem me gustaba, porque él era alguien muy importante para mí, porque él era la razón de mi vivir, porque él era a quien quería de verdad, de quien estaba....enamorada.
Nos aparatamos levemente para poder coger aire a nuestros pulmones, jadeando por nuestro beso. Abrí los ojos para toparme con los suyos, verdes, mirándome fijamente, con un brillo que nunca antes había visto.
Yulem sonreía de oreja a oreja mirándome, mientras reía de pura felicidad. Sonreí agachando la cabeza hasta que su mano se posó en mi mentón levantándolo para mirarnos de nuevo, volviendo a formar esa conexión donde hablábamos sin palabras. Algo muy difícil de entender, pero demasiado fácil entre nosotros dos, como si tuviésemos nuestro propio idioma.
-Te quiero, Kiara-susurró antes de juntar nuestros labios de nuevo en otro beso lleno de dulzura y, sobre todo, lleno de amor.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Capítulo 14. Estábamos a tan solo unos centímetros.

Yulem

Las semanas pasaban lentamente y todo seguía igual. O casi todo.
Habíamos entrado en el bosque varias veces sin mucho resultado. Siempre era lo mismo, nunca encontrábamos nada que nos indicara que la flor estaba cerca.
Mi hermano se había apuntado a unas clases de baile en una academia cerca de casa. Era algo bastante raro,  pues él era muy malo bailando y no le gustaba, pero aún así iba casi todos los días a las clases. Su buen humor aumentaba cada vez más y no sabía por qué, aunque no quería entrometerme en su vida.
Ahora, un viernes por la tarde habíamos decidido no salir al bosque, asi que yo me encontraba tumbado en el sofá del salón sin mucho que hacer.
Vick apareció saltando las escaleras de dos en dos con una sonrisa de oreja a oreja, con su mochila agarrada a su mano.
-¡Me vooy!-gritó entusiasmado corriendo hacia la puerta.
-¡Quieto ahí!- le dije, haciendo que éste se parase y se girase para mirarme.
-¿Qué?-preguntó confundido.
-Vick, ¿qué es lo que te ocurre?
-¿A mi?- frunció el ceño-. Nada, estoy normaaal-dijo alargando la "a".
-¿Normal?-pregunté incrédulo, levantándome y señalándolo con mi dedo índice-. Tú no estás normal.
-No me pasa nada, de verdaaad-dijo él como si lo estuviese cansando.
-Estás muy alegre, saltas y bailas por todos lados. ¡Tú nunca has hecho eso!
-Y dale...-farfulló-. Que no me pasa nada. Solo estoy feliz, ¿vale? Además, me gusta este lugar, este mundo. Es tranquilo, y tengo libertad para hacer lo que quiera. Me gusta-añadió encogiéndose de hombros.
-Já. Tú estas...¡Enamorado!-exclamé-. ¡Sí!
-¿¡PERO QUÉ DICES?!-chilló con los ojos muy abiertos-. ¿¡Estás loco?!-gritó antes de golpearme en la cabeza.
-¡Auch! ¡Que si! ¡Que si!-insistí-.¡Tú estás enamorado! ¡Por eso los saltitos, los bailecitos y todo eso! ¿Quién es la afortunada, eh, eh? ¿Quién?
-¡Que no me gusta nadie!-gritó comenzando a sonrojarse-. ¡Nadie!
-¡Mírate!-contesté ignorándolo- ¡Si hasta estas rojo! ¡Rojo!
-¡No estoy rojo!-protestó-. ¡Me voy!-gritó antes de, literalmente, correr hasta la puerta.
-¡No te salvaras de esta tan fácilmente!-grité antes de escuchar el ruido de la puerta, indicando que él se habia ido.
Negué con la cabeza divertido antes de dejarme caer en el sofá, clavándome algo en la espalda.
Hice una mueca agarrando eso que me había provocado el dolor en mi espalda.
-Maldito móvil-refunfuñé antes de dejarlo en la mesita.
Entonces fue cuando se me ocurrió una idea. Quizás...si la llamaba...

-Pasa-murmuré abriéndole la puerta.
-Gracias...-susurró ella, tímida, agachando la cabeza.
Sonreí ternamente viendo como ella intentaba esconderse tras su pelo.
-Ven-dije, y agarré su mano tirando de ella.
Kiara sonrió antes de seguirme, caminando detrás de mi.
-El jardín está por ahi-señalé hacia la puerta de cristal-. Ahora mismo voy, tengo que cambiarme.
-Claro-aceptó soltando mi mano y caminando hacia la parte trasera de la casa.
Sonreí al verla y subí los escalones hasta llegar a mi habitación, donde rápidamente cambié mi ropa por un bañador largo negro, que casi me llegaba a las rodillas. Agarré una toalla de playa y salté las escaleras de vuelta al salón, abriendo la puerta y saliendo al jardín.
Observé a Kiara tumbada en su toalla boca arriba, con los ojos cerrados. Llevaba puesto un bikini amarillo con rallas blancas que favorecía a su pequeña figura, mostrando sus curvas.
-Hola-susurré dejando mi toalla a su lado.
-Hola-contestó ella abriendo los ojos.
Definitivamente, ella era preciosa.
De su bolsa sacó la crema para el sol, comenzando a hecharse por sus largas piernas.
-¿Me hechas?-preguntó.
-Cla...claro-tartamudeé sonrojándome, sin dejar de mirarla.
Ella sonrió tímidamente antes de girarse boca abajo, dejando a la vista su espalda.
Comencé a hecharle crema, estendiéndola mientras ella dejaba caer su cabeza sobre sus brazos, cerrando los ojos.
-Esto es muy relajante-murmuró.
Me reí sin dejar de estender la crema.
-¿Crees que podría ser masajista?-pregunté con una sonrisa.
-Claro. Eso sí, a mí me harías un descuento, ¿verdad?-preguntó abriendo los ojos para mirarme.
-Claro-contesté riendo.
Ella se acomodó y yo seguí hechando crema por toda la espalda hasta, al fin, finalizar.
-Ya está-susurré acercándome a ella, con mi boca rozando su oído.
-Gracias-susurró girándose hasta quedar completamente pegados.
-Ahora te toca a ti-murmuré antes de tumbarme.
-Por supuesto-contestó ella, sentándose encima de mí.
Me reí mientras ella cojía el bote, abriéndolo y hechando crema en su mano, para después ponerla en mi espalda.
-¡Está fria!-protesté.
-Quejica...-murmuró ella somriendo.
Kiara comenzó a pasar sus manos por mis hombros, mientras yo cerraba los ojos, disfrutando. Sus dedos masajearon mis músculos, relajándolos, bajando cada vez más, hasta llegar al borde de mi bañador, donde volvió a subir.
-Me voy a quedar dormido-murmuré ante tanta relajación.
-Como quieras-susurró ella-. Puedes dormir.
Sonreí mientras Kiara acababa, bajándose y sentándose en su toalla.
-Gracias-susurré girando mi cabeza para verla.
Ella sonrió tímidamente.
-De nada-dijo, con su dulce sonrisa.
-Eras muy linda-dije, pensando en alto.
Cuando me dí cuenta de que lo había dicho en alto, abrí mucho los ojos son poder creémelo y, inconscientemente, pasé una mano por mis rizos. Era algo que hacía cuando estaba nervioso, una de mis muchas manías.
Ella se sonrojó y rió, mirando hacia otro lado mientras yo agachaba la cabeza, rojo.
-Gracias-susurró con una sonrisa, volviendo a mirarme a los ojos, dejándome sin habla. Sus ojos grises...en verdad me tenían hipnotizado.
-Em...-balbuceé sin dejar de mirarla-. ¿Vamos al agua?-pregunté.
-No, gracias. Yo iré después, ve tú.
-Venga, ¡por favor! Si estoy yo solo no es tan divertido, ¿por favor?-murmuré, mirándola fijamente.
-Oh no, no, no, no, no. Tu carita de corderito degollado no funciona conmigo. ¡No me mires asi!-protestó, aunque no le hice mucho caso.
-Por faaaa- susurré como un niño pequeño, poniendo morritos.
-¡No!-exclamó ella.
-¡Pues yo digo que sí!-contradecí levantándola y llevándola en brazos.
-¡No! ¡YULEM!-chilló intentando bajarse.
-Cuando Yulem quiere algo-recité-lo consigue. Lo siento, preciosa-añadí saltando al agua.
Cuando ésta impactó contra nosotros, solté a Kiara y abrí los ojos debajo del agua, viendo como ella se impulsaba para salir a la superficie antes que yo.
-¡ERES UN GILIPOLLAS!-gritó acercándose rápidamente hacia mí, comenzando a golpear mi pecho con sus puños.
-¡Oye, oye! ¡Pero no me pegues! ¡Lo siento, no pensé que te pondrías así!
Agarré sus muñecas haciendo que parase de golpearme, pero no la solté, sino que la acerqué más a mí.
-Lo siento-susurré serio-. Perdóname, por favor. No quiero estar mal contigo.
-Suéltame-gruñó ella forcejeando para soltarse.
-No, no te voy a soltar hasta que me perdones.
Ella suspiró pesadamente.
-No pasa nada, en realidad no tendría que haber reaccionado así...Lo siento. Pero no lo vuelvas a hacer, me asustaste. No sé nadar, idiota.
-Yo también lo siento-susurré abrazándola con una sonrisa-. Debería de haberte hecho caso. ¿Me perdonas?-pregunté poniendo morritos.
Ella sonrió tiernamente.
-Claro que te perdono, bobo-murmuró acercándose a mí hasta besar mi mejilla, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, sintiendo como mis mejillas se volvían de color rojo, al igual que las de ella.
-Ahora vamos a hacer que aprendas a nadar-murmuré sonriendo, sin soltar sus manos.
-¡No!-protestó ella.
-Tranquila, vamos-dije y comencé a arrastrarla hasta el lugar mas hondo de la piscina.
-¡Yulem!-gritó mirándome con terror-. ¡Aquí no doy pie!
-Lo sé, pero tranquila, te estoy sujetando, ¿recuerdas?-susurré.
-No me sueltes, por favor-murmuró ella.
-No te voy a soltar, pequeña. Tú solo relájate, puedes hacerlo.
Kiara se acercó más a mí impulsándose con sus manos hasta estar casi pegados, posando sus manos en mis hombros.
-Tengo miedo-susurró mirándome.
-No pasa nada, Kiara. Tranquila. Estás conmigo, no voy a permitir que nada malo te pase, créeme- y lo decía en serio, no solo en la piscina. Si a ella le pasaba algo...
-¿De verdad?-preguntó sin apartar sus ojos grises de mi, esos que me volvían loco.
-De verdad-prometí en un susurro, acercándome más a ella y pasando mis manos hasta dejarlas en su cintura.
Nos miramos fijamente a los ojos sin apartarnos ni un centímetro. Estábamos tan cerca que si me movía un milímetro nuestras frentes chocarían y estaría demasiado próximo de sus labios.
Tragué saliva mientras mis dedos hacían pequeños círculos en su cintura. Ella pasó sus brazos por mi cuello, acariciando mis rizos mojados.
-Me gustan tus rizos, Yulem-murmuró-. Son muy lindos.
Sonreí sin poder contestarla, relajándome ante su contacto.
Cada vez estábamos más y más cerca. Con solo un movimiento nuestros labios chocarían, y quería dar ese paso. Estábamos a tan solo unos centímetros...

viernes, 11 de octubre de 2013

Capítulo 13. Vecinos.

Silene.

Me senté en la cama, con las piernas cruzadas sobre las mantas, recordando la canción de Derek sobre Amy.
Cada vez me daba cuenta de lo buena persona que era él. Tan cariñoso, amable y dulcemente tierno, divertido y simpático. Sonreí al recordar el entusiasmo de su madre. Ella era una dulzura de mujer, muy atenta y tan cariñosa como su hijo. Era divertida, una de esas madres que perfectamente podian ser las mejores amigas de sus hijas.
Cerré los ojos tumbándome, pensando que con mi madre había sido todo lo contrario.
Con ella era todo entrenar, practicar y más entrenar. Nunca se comportó como una verdadera madre, nunca me preguntó si necesitaba hablar de algo, nunca me abrazó, o simplemente nunca habló conmigo nada más que del entrenamiento, porque en el mundo Oscurix todo era frío, oscuro y sin sentimientos aparte del odio y rencor. Y yo, como su hija, tenía que dar lo mejor de mí para no avergonzar a una de las más importantes guerreras del mundo, por lo que siempre estaba esforzándome hasta el límite, intentando que mi madre se sintiese orgullosa de mí.
Porque eso era lo que más me importaba. Yo estaba trabajando duro por ella, para que sintiese orgullo de su hija, y no asco, o vergüenza. Para mí era lo único que imortaba, pues ella siempre me criticaba, y yo quería que en verdad estuviese orgullosa de su hija. Y si para eso era necesario llegar hasta el punto de matar....
Suspiré pesadamente mientras intentaba olvidarme de ese mundo del que cada vez me sentía menos identificada.
Para cualquier otra persona de Oscurix, que lo eligieran para una misión tan importante como esta, sería un orgullo y estarían encantados de estar en mi puesto, pero para mí no.
Había comenzado a sentirme más humana, identificada con este mundo. Le había cojido incluso cariño al lugar, a las personas.
En Oscurix, yo me sentía fuera de lugar, excuída, una rarita, como si fuese de otro mundo. Pensaba que yo no estaba hecha para eso, pero aún así me callaba y seguía esforzándome.
Fue una melodía la que me sacó de mis pensamientos, haciendo que girara mi cabeza en busca del lugar de donde provenía.
Cuando observé por la ventana, comencé a reir a carcajadas mientras observaba a Vick.
Éste se encontraba saltando en su habitación, con la música a todo volumen. Era gracioso verlo, con su pelo rubio desordenado que se movía de un lado a otro, como su cabeza, al rito de la música, mientras él movía sus brazos y su cuerpo, intentando bailar, aunque estaba claro que eso no era lo suyo.
-Está loco-susurré para mí misma, sonriendo y viéndolo, mientras negaba con la cabeza, divertida-. Como una cabra-añadí mientras él seguía con su baile.
Cojí un papel de una libreta, y con mi bolígrafo verde escribí una nota.
Después, abrí mi ventana y la lancé, haciendo que con la ayuda del viento el papelito callese en el suelo de Vick.
Este, dos minutos después, mientras bailaba, se dio cuenta de la nota que reposaba en el suelo. Con el ceño fruncido la cojió, leyéndola.
"Debes mejorar tus pasos de baile, Vick. Y, por favor, baja el volumen de tu música.
Tu vecina, Silene"
Su rostro comenzó a cojer un tono rojizo cuando se dió la vuelta, mirándome, mientras yo lo saludaba con la mano, sonriéndole apollada en el alféizar de la ventana.
-Mierda-lo escuché murmurar antes de correr hacia el reproductor de música apagándolo.
-Veo que al fin te diste cuenta, querido vecino-saludé entre carcajadas.
Él enroceció aún mas, agachando la cabeza y murmurando cosas que no pude escuchar.
-Oye, ¿que te pasa en la cara?-pregunté bromeando-. Creo que tienes algo rojo justo...¡por toda ella!
-Ya te vale, Silene-murmuró él tan rojo como un tomate.
-Lo siento, lo siento-contesté aguantando la risa-. Pero es que tus intentos de bailar son muy graciosos.
Él aguantó una pequeña sonrisa mientras cerraba la ventana después de murmurar un "como si yo no oyese tus ronquidos".
-¡Oye!-protesté-. ¡Yo no ronco!
Vick,después de unos minutos en los cuales desapareció de mi vista, abrió la ventana enseñando unos pequeños tapones entre sus manos.
-¿Sabes para qué es esto?-dijo sonriendo burlonamente-. Para poder dormir sin escucharte.
Yo abrí la boca de par en par, sorprendida por la audacia de ese chico y su manera de burlarse de mí, sin tenerme miedo.
-Eres un cabrón-murmuré sonriendo antes de cerrar la ventana-. Ah, por cierto. Cerca de aquí hay una escuela de baile, apúntante, quizás puedas mejorar un poquito-contraataqué.
-Lo haré-contestó él con indiferencia-. Y tú ve a un médico, tus ronquidos no son algo normal- añadió cerrando su ventana.

Cojí un paquete de palomitas del armario, metiéndolo en el microondas para quentarlo. Mientras, busqué en la televisión alguna película para poder ver.
Estaba aburrida, y habían pasado horas desde el encuentro con Vick. El cielo era ahora completamente negro, con sus estrellas y la luna. No tenía sueño, por lo que había decidido buscar una película en la televisión, para verla mientras me atiborraba a palomitas.
No era muy divertido, pero lo suficiente como para no aburrirme.
Cuando el microondas pitó, me levanté del sofa donde me había sentado mientras buscaba entre los canales, para volver a la cocina, donde cojí el paquete y vacié el contenido en un recipiente. Después caminé de vuelta al salon donde me senté de nuevo en el sofá, mientras probaba las sabrosas palomitas y reeprendía mi búsqueda en la televisión.
Cuando me cansé de buscar sin que mi búsqueda diese resultado, dejé en una canal para niños pequeños, viendo como comenzaba "Bob Esponja".
Entretenida, dejé en ese programa viéndolo mientras me zampaba las palomitas.
Después de aproximadamente una hora viendo la televisión, media adormilada, subí las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde cojí mi pijama y entré en el baño para ponérmelo.
Cuando salí, observé una notita en el suelo, al lado de mi ventana.
La abrí sonriendo, sabiendo perfectamente a quien pertenecía.
"Querida vecina, procura no roncar mucho esta noche, por favor.
Saludos, tu vecino Vick"
-Será cabrón el tío-susurré mientras veía por la ventana, observando como entraba en su habitación con una sonrisa de ojera a oreja.
-He perdido uno de los tapones, por eso-dijo él.
-¿Fuiste a apuntarte a clases?-pregunté.
-No, hoy estaba cerrado-contestó él-. Pero tranquila, iré mañana-después me guiño un ojo antes de meterse en su cama.
Sonreí negando con la cabeza antes de meterme en mi cama, para después de media hora entre vuelta y vuelta, quedarme profundamente dormida.